Mucha gente asocia inmediatamente las vacaciones en la Patagonia con vientos incesantes y un mar que desafía hasta al nadador más valiente. Sin embargo, existe una realidad paralela lejos de los mitos: rincones donde el termómetro del agua rompe los esquemas tradicionales.
Este verano, destinos como Rada Tilly ya han dado muestras de que el sur puede ofrecer jornadas de calor intenso y playas colmadas, desafiando el prejuicio de que para encontrar calidez es necesario cruzar fronteras internacionales.
Ubicada en la provincia de Río Negro, esta villa balnearia es el emblema de las aguas cálidas en Argentina. El fenómeno no es casualidad, sino pura física: el Golfo San Matías actúa como una gigantesca batea natural.
El fenómeno: Durante la bajamar, el sol calienta las restingas (plataformas de piedra). Cuando la marea sube, el agua absorbe ese calor acumulado.
La experiencia: En febrero, el mar puede alcanzar los 25°C o 27°C, permitiendo baños prolongados entre acantilados y cuevas naturales que nada tienen que envidiar a destinos tropicales.
Técnicamente en la transición hacia la Patagonia, el sur de la provincia de Buenos Aires resguarda a Monte Hermoso. Es un enclave geográfico único donde la orientación de la costa permite ver tanto el amanecer como el atardecer sobre el horizonte marino.
Según un relevamiento realizado por ADNSur, estas playas destacan no solo por su extensión, sino por una temperatura del agua notablemente superior al resto de la costa bonaerense. Esto se debe a su escasa profundidad y a la influencia de corrientes cálidas del norte, que permiten que la arena y el mar retengan el calor incluso cuando cae el sol.
Si el mar no es lo tuyo, la montaña guarda su propia joya. A unos 30 kilómetros de San Martín de los Andes, por la Ruta 48, se encuentra la península de Yuco, dentro del Parque Nacional Lanín.
¿Por qué le dicen el «Caribe Patagónico»? > Sus bahías están protegidas del viento, lo que permite que la superficie del Lago Lácar se entibie bajo el sol. El contraste del agua esmeralda con el lecho de piedras claras crea una estética paradisíaca rodeada de bosques de arrayanes y coihues.
Para disfrutar de estos «tesoros ocultos», lo ideal es planificar las visitas entre enero y febrero, que es cuando los microclimas de estas regiones alcanzan su punto máximo de temperatura.