El río Motoco nombra y estructura el valle de Lago Puelo desde antes de las fronteras. Identidad territorial, memoria viva y continuidad comunitaria.
No es Río Blanco: es Motoco
El curso de agua conocido hoy como Río Blanco es, en realidad, el río Motoco. Este nombre no surge de una traducción reciente ni de una reinterpretación turística: es un nombre territorial, previo a la conformación de los estados nacionales y a la cartografía oficial. Motoco es el río que estructura este valle, el que modeló el paisaje y el que sostuvo la vida humana, vegetal y animal mucho antes de que existieran caminos, puentes o límites administrativos.
El río que nombra al territorio
Nombrarlo correctamente implica reconocer que el territorio no comienza con nuestra llegada como visitantes. El río Motoco corre por un espacio que fue observado, transitado y comprendido durante generaciones. En la cultura mapuche-tehuelche, el agua no es un recurso aislado: es una entidad viva, con carácter, memoria y función dentro del equilibrio del entorno. El río no solo fluye: conecta.
Llamarlo Río Blanco borra esa relación profunda entre nombre y lugar. Motoco, en cambio, remite a una historia concreta, a una persona, a una familia y a un territorio que todavía hoy mantiene continuidad cultural. Recuperar este nombre es una forma de restituir sentido y de volver a leer el paisaje desde una lógica más amplia que la meramente geográfica.
Pedro Motoco y la memoria encarnada en el territorio
Pedro Motoco no es una figura abstracta ni un nombre suelto en un registro histórico. Fue un referente territorial cuya vida estuvo profundamente ligada a este valle y a la vida de la comunidad. Las investigaciones académicas muestran que Motoco fue parte de un entramado social y cultural que habitaba estos espacios cuando aún no existían fronteras nacionales ni divisiones políticas como las conocemos hoy.
Su nombre permanece asociado al río porque el río fue parte de su mundo cotidiano, de sus recorridos y de su forma de habitar. En las sociedades originarias, los nombres no se asignan al azar: expresan relaciones. Que el río lleve el nombre Motoco habla de una pertenencia mutua entre persona y territorio. El río no homenajea: continúa.
Este vínculo también explica por qué no existe un “cerro Motoco”. El nombre no solamente se eleva en una cumbre: corre, acompaña, se desplaza. Motoco es agua, es tránsito, es vida en movimiento. Pensar el territorio desde esta lógica implica entender que la identidad no está fija en un punto alto, sino que se despliega a lo largo del valle, siguiendo el pulso del río y las montañas.
Indicios de vida en todo el valle del Motoco
A lo largo del río Motoco también existen indicios claros de vida, permanencia y uso del territorio vinculados a prácticas productivas como la ganadería. Estos usos del suelo formaron parte de los recorridos y de la vida cotidiana de Pedro Motoco y de la comunidad, reforzando la idea de un territorio habitado, trabajado y recorrido de manera continua, donde el río fue eje organizador del espacio y de las actividades humanas.
Un territorio de bosques milenarios y montañas vivas
El valle del Motoco está rodeado por bosques antiguos, ecosistemas que llevan cientos de años creciendo en equilibrio con el clima, el suelo y el agua. Estos bosques no son telón de fondo: son sistemas vivos complejos, refugio de biodiversidad y reguladores naturales del ambiente. Es preciso caminar por ellos para ingresar a un espacio donde el tiempo se percibe de otra manera.
Las montañas que enmarcan el río no son solo elevaciones geográficas. En muchas cosmovisiones originarias, las montañas son entidades vivas, guardianes del territorio. Los sitios altos, los nacientes de agua, los valles altos y determinados claros del bosque han sido históricamente espacios de significado especial, lugares de resguardo, de observación y de conexión espiritual.
El río Motoco articula todo este sistema. Transporta nutrientes, define microclimas, sostiene flora y fauna, y mantiene activo un paisaje que sigue transformándose. Comprender este territorio exige mirarlo como un conjunto: la comunidad, el agua, el bosque y la montaña funcionando en relación constante.
Nombrar, habitar y visitar con conciencia
Hoy, quienes visitan Lago Puelo y sus alrededores ingresan a un territorio con capas profundas de historia y significado. Reconocer que el río se llama Motoco es un primer paso para una forma de turismo más consciente, donde la experiencia no se reduce al disfrute visual, sino que incorpora respeto y aprendizaje.
Nombrar al Motoco correctamente es una forma de cuidado.
Permite que el territorio siga siendo lo que es, sin simplificaciones ni borramientos. El turismo que mira, escucha y aprende puede convivir con estos espacios reduciendo el impacto.
Continuidad viva: la Comunidad Motoco Cárdenas
Al llegar a este territorio, no ingresamos a un espacio vacío ni a un paisaje sin historia. Nos recibe la Comunidad Motoco Cárdenas, como continuidad viva de ese nombre, de ese río, de los valles altos y de esa forma de habitar. No se trata de pasado ni de memoria congelada, sino de una presencia activa que sigue cuidando, interpretando y defendiendo este territorio.
Las comunidades originarias encarnan esa relación profunda entre personas, agua, bosque y montaña, sosteniendo prácticas, saberes y vínculos que atraviesan generaciones.
Territorio que se comparte
El ingreso a este territorio se realiza por el Balneario La Pasarela, en Lago Puelo, un punto clave y muy frecuentado por residentes y visitantes. Desde aquí se accede a distintos recorridos: la Cascada de Cárdenas, ubicada a 600 metros; los Saltos del Motoco, a menos de 2 km; el Portal del Motoco, a 8 km; la Bahía Las Lágrimas, a 13 km, donde se encuentra un destacamento de Gendarmería; este trazado forma parte de una senda ancestral utilizada por los pueblos originarios para atravesar la cordillera, sostener intercambios y desarrollar su vida cotidiana; y el histórico Camping del Motoco (antes refugio), a 15 km.
La comunidad ofrece servicios de gastronomía, camping, hostel, cabañas y experiencias en la naturaleza. La actividad turística es una de las actividades que les da sustento y una forma de compartir este territorio.
Fuentes
Este texto surge del diálogo sostenido con la Comunidad Motoco Cárdenas y de la lectura atenta de investigaciones antropológicas que abordan la historia, el territorio y las continuidades culturales en Lago Puelo. En particular, se apoya en el trabajo de la antropóloga Alma Tozzini, investigadora del CONICET, cuyas publicaciones aportan una mirada profunda y rigurosa sobre los procesos históricos, las trayectorias familiares y las relaciones entre comunidad, territorio y memoria en esta región del noroeste de Chubut.
Quienes deseen profundizar en estos estudios pueden consultar su perfil académico y líneas de investigación en el sitio oficial del CONICET: Perfil académico Alma Tozzini – CONICET.
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