La relación entre los habitantes de Puerto Madryn y el Golfo Nuevo ha experimentado una transformación profunda en los últimos años. Lo que antes era un escenario meramente estival, hoy se ha convertido en un espacio de recreación y deporte permanente. Para acompañar esta tendencia, el municipio ha decidido implementar una cobertura de seguridad costera sin precedentes fuera de la temporada alta.
El incremento de disciplinas como la natación en aguas abiertas, el kayak y el stand up paddle (SUP) motivó la necesidad de extender la vigilancia. Según confirmó el subsecretario de Gobierno, Enzo Terrera, esta medida responde a una directriz directa del Ejecutivo municipal para proteger a quienes desafían las bajas temperaturas.
De acuerdo con lo reportado por LA17, la ciudad se posiciona como pionera en la región patagónica al ofrecer este respaldo profesional durante los meses de frío. La iniciativa busca que tanto residentes como visitantes cuenten con asistencia inmediata ante cualquier contingencia en el agua.
Para garantizar la eficacia del operativo, los guardavidas se concentrarán en puntos estratégicos donde la afluencia de deportistas es mayor:
En cuanto a la disponibilidad del servicio, se han establecido bandas horarias adaptadas a la luz solar y al flujo de usuarios:
No se trata solo de presencia humana; la logística es fundamental para una respuesta rápida. Por este motivo, el cuerpo de guardavidas dispondrá de un gomón motorizado y desfibriladores automáticos (DEA). Estas herramientas son vitales para realizar rescates eficientes y brindar primeros auxilios en una zona donde el factor tiempo es crítico debido a la temperatura del agua.
Además de la seguridad, este proyecto refuerza el perfil de Puerto Madryn como destino activo durante todo el año. Es habitual recibir turistas provenientes de distintas localidades del Valle que llegan a la costa para realizar prácticas de crioterapia o entrenamientos de alto rendimiento.
En conclusión, la presencia de guardavidas en invierno no solo previene accidentes, sino que consolida un cambio cultural. El mar ya no es una opción de verano, sino un recurso vital que la gestión pública ha decidido cuidar y profesionalizar de manera ininterrumpida.